12/04/2026
En este artículo, Andrea Gálvez, coordinadora de acciones de Maio Amarelo en Guatemala, plantea una idea tan básica como postergada: la ciudad sostenible debe volver a pensarse desde la escala humana. Con foco en la seguridad, la accesibilidad y la prioridad de los usuarios más vulnerables, el texto expone por qué diseñar calles para caminar no es un detalle técnico, sino una decisión central para construir ciudades más justas, seguras y habitables.
Por
Andrea Gálvez | Guatemala
Por: Maio Amarelo
12 de abril de 2026
La escala de la ciudad sostenible debe ser nuevamente el hombre, por ser la medida universal. Sin embargo, este tipo de cambio implica también cambiar las legislaciones urbanas de muchos países, que fueron basadas en el automóvil.
El peatón es toda persona que transita a pie por la vía pública. El peatón, así como el ciclista, son los más vulnerables en el tránsito. La comparación entre los tamaños de los diferentes usuarios de la calle y el espacio que cada uno ocupa revela las ventajas de proyectar vías para transporte colectivo, en bicicleta y a pie. Proporcionar instalaciones de alta calidad para esos medios de transporte, especialmente eficientes, económicos y sostenibles, permite que la misma calle acomode a más personas. La reducción de la cantidad de espacio dedicada al movimiento y almacenamiento de automóviles particulares maximiza el espacio total disponible para otras actividades que suman calidad a la calle.
Imagen de rawpixel.com
Todo trayecto comienza y termina a pie, ya sea para un trayecto completo o para complementar otro medio de transporte, como el acceso al carro, camioneta, tren o bicicleta; por tanto, todo el mundo es un peatón en una calle. Ofrecer caminos libres, continuos y sin obstáculos genera barrios propicios para la circulación de todos. Cada camino libre en la banqueta debe ser complementado por orillas de calles activas e instalaciones accesibles que vuelvan el recorrido cómodo y atractivo.
Las ciudades son lugares para las personas, que usan las calles no solamente para caminar, sino también para descansar, sentarse, jugar y aguardar. Esto hace que las personas sean consideradas la prioridad más alta en el diseño de calles, con el debido cuidado hacia los usuarios más vulnerables: niños, ancianos y discapacitados.
Los tipos y volumen de personas que utilizan una determinada calle son influenciados por el uso del suelo, la densidad del entorno, los destinos clave y el período del día. Fuera de un carro y moviéndose a velocidades muy lentas, los peatones utilizan todos sus sentidos para usar las calles. La manera en que las personas utilicen las calles dependerá del espacio disponible para ellas, de las instalaciones que se ofrecen en un momento para descansar y de la experiencia general de la calle.
De acuerdo con la pirámide de la movilidad urbana, los peatones ocupan el primer lugar: son los usuarios más frágiles y vulnerables de las calles, emplean mayor esfuerzo en sus traslados y sus características de circulación son propias de cada individuo que utiliza la calle. Por lo tanto, al diseñar las calles, deben ser considerados prioridad número uno. El diseño debe velar por su seguridad, comodidad y bienestar. El diseño vial debe evitar hechos de tránsito donde la gente pueda morir o resultar herida en las calles.
Los peatones se clasifican en 3 grupos, que se describen a continuación:
Niños y Adolescentes: Es la población a nivel mundial más grande, con 2 millones de niños menores de 15 años. Es por eso que las calles deben ser diseñadas para que estos puedan transitar con o sin la compañía de un adulto. Los niños son menos capaces de evaluar velocidades. Su estatura pequeña y la velocidad lenta al caminar deben ser tomadas en cuenta en los proyectos de pasos peatonales y semáforos con tiempo. El diseño vial debe alertar a los conductores de la presencia de niños en las calles.
Adultos y ancianos: La población mundial está envejeciendo; sin embargo, un gran número de calles no son aptas para las necesidades de los ancianos. Aunque son una pequeña parte de la población, representan un porcentaje más elevado de muertes en el tránsito. El mayor peligro aparece cuando el tiempo de los semáforos es muy corto, las rampas están dañadas o no existen, y cuando la señalización está desmontada o borrosa. Se recomienda proveer islas de resguardo cada dos o tres carriles y camellones centrales más largos para reducir distancias de cruzamiento y mejorar la visibilidad en los pasos peatonales.
Personas con discapacidad: Tomar en cuenta a las personas con deficiencia visual o auditiva, que utilicen silla de ruedas, bastón o andador. Las banquetas deben ser lo suficientemente anchas para que dos personas en silla de ruedas puedan circular una al lado de la otra, con un ancho mínimo de 1,80 m, y rampas con 8 % de inclinación, no menos.
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Ebenezer Howard fue un preurbanista inglés, muy famoso por su publicación Garden Cities of Tomorrow, que resultó en el origen del concepto de "unidad residencial" para el tamaño de barrios y equipamientos urbanos. Las medidas eran aproximadamente de 800 m a 1200 m, y tenían por base la distancia máxima que un niño podía recorrer con seguridad y confort hasta la escuela.
Si todos somos considerados peatones, el diseño de calles debería ser pensado especialmente para caminar y circular a pie, antes que para la circulación por medio de un transporte motorizado. Partiendo de esta idea, las calles deben priorizar a los más vulnerables en el tránsito y deben ser diseñadas evitando irregularidades, mala localización de equipamiento urbano, desniveles bruscos, falta total de banquetas, distancias muy largas entre paradas de transporte colectivo y tiempos de espera que saturen la banqueta entre quienes esperan el transporte y quienes circulan sobre ella, además de la falta de drenajes, que perjudica a los peatones, quienes tienen que buscar un lugar adecuado para atravesar la calle, aumentando su tiempo y distancia de circulación.
El peatón tiene mayor flexibilidad para circular por las vías terrestres que cualquier otro medio de transporte, sobreponiéndose a todos los inconvenientes que pueda encontrar en su trayecto. Tal vez este sea el motivo por el cual no existe preocupación en mejorar y crear proyectos y reglamentos con criterios técnicos para la circulación a pie. Las condiciones de la banqueta, la arborización y la iluminación contribuyen a estimular las caminatas, pero actualmente la falta de seguridad es lo que más restringe la circulación a pie. Si bien el peatón es flexible, es uno de los más vulnerables en el tránsito porque comparte el espacio con medios de transporte con velocidad, peso y tamaño mayores que él; por eso, es tan importante priorizar su recorrido. El peatón se mueve de forma desorganizada, pero su lugar seguro es la banqueta.
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A partir de un índice de qualidade de calçadas (IQC), Ferreira y Sanches (2001), citados en la tesis de maestría de Marcus Vinicius, desarrollaron una metodología para evaluar la calidad de la infraestructura para peatones e identificar posibles puntos de mejora. El IQC es definido a través de aspectos ambientales observados y diferenciados por los peatones, y puede ser utilizado para encontrar el nivel de servicio de las banquetas. Los factores son: seguridad, que se refiere a la posibilidad de conflictos entre peatones y vehículos sobre las banquetas y/o a la vulnerabilidad de los peatones frente a asaltos o agresiones; mantenimiento, que indica la calidad del piso, facilitando o no el acto de caminar; ancho útil, que indica la existencia de caminos continuos en la banqueta con anchos suficientes para el flujo de peatones; y, por último, estética, relacionada con los aspectos estéticos y con los atributos visuales del ambiente.
Pero cuando al peatón le toca andar o cruzar sobre la pista de rodamiento, los cruzamientos seguros más comunes que existen en el mundo son los pasos peatonales, las pasarelas y los pasos subterráneos. Los últimos dos, poco a poco, van dejando de ser implantados en las ciudades porque presentan muchos problemas. Por ejemplo, generan sensación de inseguridad al peatón al no presentar actividades alrededor; aumentan las distancias y el tiempo para caminar; ocupan un espacio considerable de la banqueta; son más propensos a la delincuencia, pues solamente presentan una ruta de escape; y son hasta 20 veces más caros que un paso peatonal a nivel de suelo y con semáforo.
Volver a poner al peatón en el centro es una condición básica para construir ciudades más seguras, accesibles y humanas.
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