25/05/2026
En este artículo, Andrea Gálvez, coordinadora de acciones de Maio Amarelo en Guatemala, desarrolla el rol estratégico de la bicicleta en la movilidad urbana contemporánea. A partir de su potencial social, ambiental y económico, el texto plantea la necesidad de infraestructura segura y coherente que permita integrar al ciclista como actor clave dentro de ciudades más sostenibles.
Por
Andrea Gálvez | Guatemala
Por: Maio Amarelo
25 de mayo de 2026
La bicicleta puede abrir las puertas del progreso económico y social en los países con economías emergentes. Así lo reconoció Naciones Unidas en 2015 al incluirla en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030, objetivos que 193 países se comprometieron a alcanzar. La bicicleta permite realizar viajes más largos. Siendo un transporte barato, es accesible a toda la población, ofreciendo mayor movilidad a las personas de bajos ingresos que precisan utilizar transporte público para sus necesidades de desplazamiento. Es un transporte no contaminante y ocupa poco espacio en la red viaria. Tiene la característica de ser un vehículo apreciado para el deporte y el entretenimiento.
A pesar de la importancia del desplazamiento a pie o en bicicleta, son medios de transporte aún poco considerados en muchas ciudades. Por eso los peatones se encuentran con banquetas estrechas, con muchos obstáculos y sin mantenimiento. En cuanto a los ciclistas, no tienen un lugar apropiado para circular, teniendo que disputar con los vehículos un espacio en la vía, en medio del ruido, la tensión y el humo. Existe también toda una reglamentación para la señalización destinada al tránsito de vehículos. En contraste, gran parte de las ciudades no presentan infraestructura ni reglamentación eficiente que garantice rutas cómodas y seguras para ciclistas y peatones, dificultando y desestimulando estas modalidades de circulación.

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El automóvil, como uno de los principales responsables de la emisión de gas carbónico en el mundo, pasa a ser considerado uno de los mayores factores de contaminación del aire y degradación urbana. La circulación a pie o en bicicleta, tan descuidada en los proyectos urbanos y de transporte en las últimas décadas, pasa a ser objeto de interés. Junto con el transporte público son considerados prioridad, ganando el título de transporte sostenible porque son más equitativos, democráticos y menos contaminantes.
En la pirámide de la movilidad urbana, los ciclistas ocupan el primer nivel junto con los peatones, debido a que son los usuarios de las calles más frágiles y vulnerables, que emplean mayor esfuerzo en sus traslados y cuyas características de circulación dependen del ciclista y de su bicicleta. Por lo tanto, al diseñar las calles, deben ser considerados prioridad número uno; el diseño debe velar por su seguridad, comodidad y bienestar. Al diseñar se debe propiciar que convivan de manera segura con peatones y automovilistas, sin poner en riesgo a otros ni a ellos mismos; para ello deben ofrecerse rutas directas, cómodas, seguras, atractivas y coherentes.
El diseño e implementación de infraestructura ciclista debe contemplar los diversos tipos de vehículos no motorizados. Adoptaremos las categorías del Manual de Calles. Diseño vial para ciudades mexicanas, que de acuerdo a su función y dimensiones se engloban en tres categorías: bicicletas convencionales; triciclos, ciclo taxis y bicicletas de carga y remolques. Asimismo, se adoptará el concepto de que las bicicletas eléctricas serán consideradas como bicicletas, siempre y cuando parte de la propulsión siga siendo a través de pedales y cuando su capacidad de velocidad no supere los 25 km/h, es decir, bicicletas eléctricas de pedaleo asistido.

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Mientras que los planes de desarrollo del siglo XX priorizaban la red vial, la planificación sostenible tiene como elemento estructural la circulación de peatones, ciclistas y transporte público. Pero para eso, la ciudad debe desarrollar una infraestructura adecuada para caminar e ir en bicicleta, con propuestas de rutas cicloviarias seguras y agradables, ofreciendo accesibilidad a diferentes destinos, integradas al sistema vial y al transporte público.
La infraestructura cicloviaria puede atraer nuevos usuarios del ciclismo. Aunque los ciclistas puedan compartir el espacio con vehículos motorizados en calles tranquilas y de baja velocidad, la circulación por calles más amplias y cruces demanda instalaciones exclusivas. Se debe diseñar redes cicloviarias seguras y completas, de modo que puedan ser utilizadas por personas de todas las edades y habilidades. Si el ciclismo no fuera una opción segura, muchos potenciales ciclistas podrían preferir no pedalear.
Los corredores viales de altos volúmenes deben contener carriles de bicicletas más anchos para un uso más intensivo. Una ciudad propicia al ciclismo debe disponer de estacionamientos para bicicletas, permitir el fácil acceso al transporte colectivo y poseer sistemas compartidos de bicicletas.
Así como la pista de rodamiento es para los vehículos motorizados y la banqueta es para los peatones, las rutas cicloviarias son para los ciclistas. Cada uno debe respetar su lugar y el de los otros, de esta manera se evitan accidentes y se crea un ambiente más armonioso en la calle.

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El tipo de ruta cicloviaria más adecuada depende del tipo de vía, del uso del suelo, de las características del tránsito (velocidad y volumen vehicular) y de la demanda de ciclistas. Altas velocidades con volúmenes elevados requieren un alto nivel de segregación del tránsito vehicular; en cambio, bajas velocidades y volúmenes reducidos permiten la circulación compartida. Las altas velocidades están generalmente asociadas a un mayor número de vehículos pesados y a menos peatones, lo que dificulta y vuelve más riesgosa la circulación ciclista sin infraestructura exclusiva.
Existen muchos tipos de rutas cicloviarias, pero nos vamos a enfocar en los tres más comunes, utilizados en distintos manuales técnicos de países como México, Brasil y el NACTO Urban Bikeway Design Guide, este último considerado referencia mundial.
En algunos países también se implementa la llamada bicisenda, una vía exclusiva para bicicletas ubicada sobre la banqueta o en espacios verdes (parques, plazas), donde el ciclista comparte el entorno con peatones.
La bicicleta no es un complemento del sistema urbano: es una pieza estructural para construir ciudades más eficientes, seguras y sostenibles.
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